Elementitis & Aboutitis

In his book “Making learning whole”, David Perkins talks about two widespread diseases of the educational system, namely “elementitis” and “aboutitis”.

Elementitis has to do with learning the elements of a discipline without seeing the big picture. Elementitis prevents students from understanding what is the purpose of the topic considered, rising their levels of frustration, apathy, and boredom. This disease is widely spread across the world when it comes to learning some important subjects, such as math. Students spend literally years learning topics in algebra, calculus, or statistics without immediately seeing their application. Imagine a cooking school where cooks-to-be learn how to bake doughs for years without even mention the word “pie”. It would be non-sense. But that is exactly what occurs in the math realm. High school students learn how to multiply or invert matrices, but they have no idea what matrices are for. When teaching foreign languages, some schools start teaching the elements of writing, grammar, and even style, without really practising oral skills. What is the point of doing this? I have seen hundreds of students able to understand something written in a foreign language, but totally incapable to actually speak more than a few sentences in such a language. My favourite example is how some teachers make (or pretend to make) their students learn English irregular verbs. Students have to learn by heart an endless list of verbs with three columns, such as eat-ate-eaten. Can there be a worse way to teach irregular verbs? This awful method is also applied to phrasal verbs, vocabulary, and so on. Unfortunately, math and languages are not the only examples of subjects infected with elementitis. History, chemistry, physics, or literature, to name a few more, could have been used as examples as well.

At the opposite end of the spectrum, programming applications such a Scratch from MIT give immediate feedback to programmers and a rewarding sense of utility. It is not a coincidence that Scratch has become so popular among young students. Scratch philosophy is in line with Perkins’ recommendation to avoid elementitis, namely start by playing a simple version of the whole game from the very beginning. As mentioned, this is easier said than done, but the point is there: innovation is needed to extrapolate the philosophy of Scratch to other spheres.

Aboutitis is related to the inability of students to learn a specific subject in full. There are so many subjects to learn and time is so limited, that teachers cannot go deep into any subject, they content themselves with scratching the surface. As a result, students are able to recognize the topics (“I have seen this before”, “that rings a bell”) but have not really grasped the rewarding deep insights that were awaiting them one or two steps further. Aboutitis prevents students from continuing learning on their own based on the knowledge acquired in the classroom. The building blocks on which their knowledge is based are not solid, but slippery. Sadly enough, aboutitis leads to covering the same topics again and again year after year at school, which again entails ample boredom and frustration. From my own experience, I can tell that my children, when learning English as a foreign language, have “learnt” the difference between present simple and present continuous for seven or eight consecutive years each.

Being aware of the existence of the two diseases, elementitis and aboutitis, is the first step to coming up with new, disruptive ways of teaching and learning. This transformation should occur at two levels. First, teachers in the classroom should try to teach fewer topics better and give an immediate sense of usefulness trough simple examples or experiences. Second, when designing an educational path, the whole body of knowledge to be taught should be split differently and coordinated in such a way that these two diseases are avoided. As I said, easier said than done, but for sure it is worth trying.

References
Perkins, D. “Making learning whole. How seven principles of teaching can transform education” Jossey-Bass, 2009, San Francisco, CA.

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Zaragoza, ciudad de semáforos

Desde hace algunos años, percibo una sensación generalizada entre mis conciudadanos y los muchos visitantes con los que converso de que el número de semáforos instalados en Zaragoza es ciertamente desmesurado. Como digo es solo una percepción, pues mis varios intentos de conseguir información contrastada sobre Zaragoza en relación con otras ciudades similares siempre ha quedado en poca cosa. El ayuntamiento de la ciudad ofrece información pormenorizda sobre asuntos variopintos, como el censo de animales peligrosos, pero en cuestiones “semafóricas” es menos que parco.

Los defensores de los semáforos, que los hay, y muchos, entre ellos las asociaciones de vecinos o el ayuntamiento que decide si accede a ponerlos de oficio o ante una petición ciudadana, aducen que éstos mejoran la seguridad vial del peatón y son por tanto deseables desde el punto de vista del planificador social (¿así se traduce “social planner”?). Sin embargo, al razonar así se pasan por alto dos aspectoa esenciales que cualquier planificador social debería tener muy en cuenta: 1) para resolver un problema debe conocerse y atacarse su causa raíz y 2) los “castigos” impuestos a los ciudadanos deben ser para quienes realizan acciones perjudiciales para el conjunto de la sociedad y en relación directa con la acción realizada. Según este último criterio tiene sentido, por ejemplo, poner un impuesto elevado al tabaco y el alcohol, pero no cobrar un “céntimo sanitario” a los transportistas aprovechando la baja elasticidad de la demanda de carburantes con respecto a su precio.

En el caso que nos ocupa, cabe preguntarse cuál es la causa raíz principal que origina la insidiosa proliferación de semáforos en nuestra ciudad. Mi teoría–al margen de que existen intereses espurios, según oigo de fuentes más o menos malintencionadas–es que aumentar el número de semáforos es la solución cómoda y fácil a un problema de fondo: los automóviles de la ciudad no respetan a los peatones en los pasos de cebra. En muchas ciudades del centro y norte de Europa, así como en Estados Unidos, los automóviles son mucho más respetuosos con los viandantes, especialmente en los pasos de cebra. El respeto a la parte más débil es, en general, algo natural, admitido y asumido por todos. En España, y Zaragoza no es una excepción, cruzar por un paso de peatones puede ser una temeridad y el peatón tiene asumido un papel de víctima ante el automóvil. Tanto es así que no es infrecuente ver a peatones dar las gracias a los conductores que paran para cederle el paso. Es tremendamente significativo que así sea. Ante esta distorsión, el planificador social decide proteger al peatón (lo cual es loable) pero no lo hace como debería, atancando la raíz del problema, es decir, multando al automóvil que no respeta al peatón que cruza, sino que lo hace de forma errónea, en este caso abusando de los semáforos. Un semáforo, igual que un stop (el abuso del stop también da para escribir un libro), debería usarse de forma asidua pero no frecuente, cuando no hubiera otros medios para lograr el objetivo que se persigue.

Abusar de los semáforos no solo detiene a los conductores durante un porcentaje no menor de su recorrido con la consiguiente pérdida del tiempo marginal más precioso del día, sino que tiene un efecto pernicioso aún mayor: crea un círculo vicioso, porque modifica a peor el comportamiento y el estilo de conducción de los automovilistas, lo cual lleva a la implantación de nuevos semáforos. Y es que un porcentaje significativo de conductores va de luz verde en luz verde como si jugara al juego de las sillas, para evitar “caer” en el siguiente semáforo en rojo. Por eso va a demasiada velocidad, acelerando y frenando bruscamente si es preciso para pasar por los pelos el semáforo en verde o en ámbar o incluso en rojo. Este comportamiento es ciertamente peligroso, ya que aumenta el stress de los conductores en general (el stress es contagioso) y supone un mayor peligro para los peatones. ¿Cómo reacciona el planificador social? Pues poniendo aún más semáforos, lo que cierra el círculo vicioso. De seguir así, no pasará mucho tiempo hasta que los conductores comiencen a saltarse asiduamente los semáforos rojos a pesar de arriesgarse a perder puntos del carnet de conducir, como pasa en ciudades como Madrid o Barcelona. Y más tarde, en fin, veremos conductores circular sin puntos, como sucede en cierta medida en el Reino Unido.

¿Qué debería hacerse? En mi opinión la solución pasaría por medidas del siguiente tipo:

1) Sancionar a los conductores que no respetan los pasos de peatones (la inmensa mayoría de ellos según mi percepción, de nuevo admito que la evidencia en la que me baso es solo anecdótica). Cambiar esta actitud es difícil, pero no imposible. Más difícil parecía que la velocidad media en carretera bajara significativamente (era de 140km/h en autopista!) y se ha conseguido en unos pocos años.
A cambio, sería posible:
2) Eliminar un buen porcentaje de los semáforos de la ciudad, especialmente de las rotondas, las calles de un solo carril y las zonas menos transitadas.
3) Permitir siempre el giro a la derecha de los automóviles cediendo el paso (luz ámbar intermitente) aunque el semáforo para continuar de frente esté en rojo. Esto sucede actualmente solo en unos pocos cruces de la ciudad. En otros países, como Estados Unidos, este giro a derecha está permitido por defecto, aunque no haya luz ámbar intermitente.
4) Generalizar el uso de los pulsadores para peatones a, quizás, dos tercios de los cruces con semáforo actuales. En el Reino Unido esta medida está ampliamente generalizada.
5) Sincronizar algunos cruces regulados con semáforos que se diseñaron de forma “desafortunada”.

Con estas sencillas acciones la variabilidad de la velocidad de los vehículos sería claramente menor y la velocidad media mayor: Habría por consiguiente una mejoría extraordinaria en la circulación de vehículos de la ciudad, con los importantes ahorros de combustible y vehículo (incluyendo autobuses y furgonetas de reparto), tiempo, estrés, contaminación atmosférica, contaminación acústica y un no menos importante coste de oportunidad. Ciudades sin semáforos como Portishead en Holanda, Drachten en el Reino Unido y Écija en España han ido icluso más allá de esa transformación.

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El logista, reconocido como profesional por el Sepe

Entrevista concedida a El Vigía

Alejandro Serrano –  Apr 2014 | Spain

-       ¿Cómo valora que el Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe) haya incluido en su Observatorio de las Ocupaciones una nueva categoría específica de logística. En concreto, la categoría “Empleados de logística y transporte de mercancías”?

-       Es la constatación de una tendencia irreversible en el medio plazo: las empresas siguen llevando su producción a países de bajo coste y la función logística es cada vez más relevante para competir. El peso del coste logístico ha crecido sustancialmente en las dos últimas décadas. A esto han contribuido primordialmente el precio al alza de los combustibles, el acortamiento del ciclo de vida de los productos y la proliferación de artículos ofrecidos a los clientes.

-       <>¿Cree que este paso permitirá una mayor profesionalización de los Recursos Humanos en el sector?

-       Sí, en la medida en que la inclusión del perfil logístico como categoría ayude a que las empresas tomen conciencia de la importancia de esta función.

-       ¿Cómo puede influir en el ámbito formativo del sector?

-       Dará sin duda más relevancia a la formación, que es esencial en este campo, más que en otros si cabe, dada la extrema complejidad de las cadenas de suministro globales, que deben tener en cuenta no sólo los costes de producción y transporte, sino también los costes aduaneros, de obsolescencia y financieros, por citar algunos.

-       Como experto en la materia, ¿qué es lo que más le llama la atención de los datos aportados en esta categoría por el observatorio (adjunto el documento)?

-       Por un lado, echo de menos la inclusión de perfiles de mayor calado, como directores de logística o de cadena de suministro, una función que cobra relevancia día a día y que, cada vez más, depende directamente del director general de una empresa. Por otro, me resulta llamativo que todavía en España se tenga una percepción limitada de la logística que hace referencia únicamente a las funciones de transporte y almacenaje. Desde hace años las empresas vienen hablando de la gestión de la cadena de suministro para incluir un buen número de funciones adicionales, desde el pronóstico de la demanda hasta el diseño de contratos para compartir el riesgo con los proveedores.

-       ¿Necesita el sector logístico abrir un debate sobre las categorías, perfiles y profesionalización de sus distintos puestos de trabajo?

-       Pienso que, en este caso, la taxonomía no es tan importante como la necesidad de profesionalizar el sector en general.

-       ¿Cuáles son las últimas tendencias en cuanto a perfiles y profesionalización dentro del sector?

-       Observo tres tendencias principales: primero, la creación de departamentos de supply chain, aunando bajo una única batuta un número creciente de eslabones de la cadena de valor; segundo, la importancia de la función financiera: un mando que hoy no comprenda el impacto de sus decisiones en el balance o en el estado de flujos de caja de su empresa no puede ser un profesional de la logística; y por último, el auge de la función conjunta de planificación entre ventas y operaciones, comúnmente llamado S&OP (por sus siglas en inglés).

-       ¿Y en cuanto a formación?

-       Por la naturaleza de su trabajo, el logista convive estrechamente con muchos departamentos de la compañía, como el marketing o las finanzas. Por tanto, aparte de los conocimientos técnicos, la tendencia es enseñar lo suficiente de todo para poder entender los puntos de vista de las funciones anejas, desde gestión de equipos hasta finanzas. Para eso, la formación tiene que ser sólida en el ámbito técnico y extremadamente eficiente en el resto, para aprender muy bien lo básico en un tiempo limitado.

-       La gran mayoría (66%) de las ofertas recogidas por SEPE para hacer su análisis procede de los portales de empleo privados y el 25% de portales del servicio público de empleo y el 9% de páginas web de las propias empresas, ¿son los portales privados la principal fuente para la búsqueda y oferta de este tipo de empleos? ¿cómo interpreta los datos ofrecidos por el observatorio en este sentido?

-       Para perfiles medios me parecen realistas los datos; para perfiles más altos, yo observo que se utilizan mucho más las redes de contactos, al igual que en otros ámbitos.

-       ¿En qué aspectos debería avanzar la gestión de los Recursos Humanos en el sector logístico?

-       En mi opinión, recursos humanos debe hacer mucho mayor hincapié en la formación. Este cambio de prioridades debe nacer del convencimiento de que un profesional bien formado en cadena de suministro confiere a la empresa empleadora una ventaja competitiva formidable.

-       ¿Y la formación logística, en qué aspectos debería avanzar?

-       Con algunas excepciones y en contraste con Estados Unidos, el país más avanzado en cuanto a formación logística, en España hay una carencia grande de programas de grado y posgrado de primer nivel. En nuestro caso, los contenidos de los programas de posgrado del Zaragoza Logistics Center están definidos de acuerdo con el centro de transporte y logística del MIT, la universidad número 1 del mundo en este ámbito.

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Reverse Factoring, the Next Financial Bubble?

Some months ago, I read a piece praising Procter&Gamble for having finally adopted the “new standard” of paying suppliers in 90-100 days rather than the “old” 45 days [1]. This new standard comes from using “Reverse Factoring”, a financing approach that became popular in Spain in the 80’s and 90’s (oddly enough, the “Spanish” name for reverse factoring is “confirming”, a registered name by Banco Santander). The scheme has spread since 2008, to many other countries, especially in Northern Europe.

How reverse factoring (RF) works

Consider a strong buyer (say with rating AA) that buys on account from its weak suppliers (say with rating BBB), and pays them in 40 days. Suppliers in need of liquidity sell some of the buyer’s receivables to a financial institution at a high cost, say 15%. The cost is high because 1) the bank protects himself against the risk of the buyer not paying the supplier and 2) the supplier is weak so he may not be able to repay the bank if the buyer doesn’t pay him.

Now the buyer, in conjunction with her bank, proposes the supplier the following: “Whenever you need liquidity, you can sell my receivables to the new bank, which will charge you a mere 6% rather than 15%. In return, I will pay you in 80 days rather than 40.” The bank is willing to charge only 6% because it has the commitment from the buyer that she will pay at due date–recall the buyer is financially strong. The supplier is better off because, even if he is paid later, the lower cost of the factoring contract more than makes up for it. The buyer is better off as well because she pays 40 days later to the supplier, freeing up a nice pile of cash. Therefore, reverse factoring (the scheme just described) seems to be a win-win-win solution. That may be the reason why some European governments, such as Mr. Cameron’s in the UK last year, have seen in this scheme a potential solution for the liquidity problems of many private SME companies, thus they are encouraging firms and financial institutions to adopt RF programs. Others, as the Dutch government, might follow suit.


Where the problem stems from
The scheme works beautifully as long as the buyer pays on time, which is expected, since it is a relatively financially strong player. However, what if the buyer cannot duly pay for her invoices? Banks may immediately opt out of the corresponding RF program, which may well drag weak suppliers into bankruptcy. This may affect an entire industry, and even a major portion of an economy. In fact, if these RF practices generalize, they may well become the seed of the next financial crisis.

You may be right to think that odds are not high that a strong player cannot pay her suppliers on time. But it does not mean that it is impossible. For instance, Moody’s, Standard & Poor’s, and Fitch Ratings of Lehman Brothers was A or above when the latter went bankrupt in Sep 2008. Similarly, 75% of the analysts covering Parmalat had a buy or neutral rating on the stock a quarter before it collapsed in 2003. OF course these two corporations went bankrupt because of a financial scandal, but it is a fact that financial scandals do occur.

How to prevent RF from growing exponentially
Although RF programs may be beneficial under some circumstances, its generalised use may lead to serious situations. One way to prevent these programs from growing too much would be for factors (the financial institutions that provide liquidity) to put a risk premium on buyers, so as to compensate the negative outcome if they collapse. Additionally, suppliers should be aware of the risks of joining these RF programs before it is too late.

References
[1] http://www.scdigest.com/ONTARGET/13-05-02-1.PHP?cid=7006

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¿Buscas trabajo? Aprende a hablar bien inglés

En el avance del sondeo del barómetro del CIS de febrero de 2014 publicado esta semana aparecen algunas estadísticas muy interesantes relacionadas con el aprendizaje del inglés en España. Un 65% de los españoles opina que aprender idiomas tiene mucha importancia; y un 40% (la moda) opina que el sistema educativo otorga poca importancia al aprendizaje de idiomas, aunque los entrevistados reconocen que esta importancia ha ido en aumento en lo últimos años.

En cuanto al inglés, el 35% de los encuestados dice hablar este idioma. Sin embargo, solo un 12% de este 35% (es decir, el 4%) afirma no tener ninguna dificultad para exponer su opinión argumentado y rebatiendo opiniones en una conversación. Dado el natural optimismo de los españoles en este sentido (basta comprobar el nivel real de inglés de quienes afirman en sus currículum que su nivel de inglés es “alto”), no sería nada sorprendente que ese 4% fuera en verdad mucho menor.

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El proceso de “deslocalización” de empresas en el mundo desarrollado y la posterior crisis económica en España han traído como resultado un aumento de las importaciones (aquél) y las exportaciones (ésta). Estas tendencias imparables hacen necesario que las empresas tengan unos interlocutores adecuados, es decir, trabajadores que sepan precisamente “exponer su opinión argumentado y rebatiendo opiniones en una conversación” con un proveedor o un cliente. Y a pesar de que otros idiomas tienen su importancia en determinados contextos (francés, chino, ruso), es claro que el inglés se ha impuesto desde hace muchos años como la lengua franca de los negocios en todo el mundo. Uniendo esta realidad a esa pobre cifra menor al 4% de españoles que hablan un inglés suficiente se colige que en las empresas españolas hay, en general, una carestía galopante de personal cualificado en esta área.

El directivo de una multinacional muy conocida me decía esta semana que, a pesar del 40% de paro juvenil que hay en España, estaba teniendo serios problemas para encontrar en la zona a jóvenes cualificados para realizar un trabajo estable y adecuadamente retribuido. ¿La razón principal? Los candidatos se venían abajo en la entrevista en inglés durante el proceso de selección. Ante al falta de candidatos, esta multinacional terminaba por ofrecer contratos a algunos de los aspirantes con la condición de que éstos consiguieran llegar al umbral deseado de inglés en un plazo de dos años.

Sabiendo esto, y dada la tibia y desigual respuesta habitual de los centros educativos (públicos y privados) y los gobiernos (central y regionales) en potenciar el aprendizaje del inglés (¿cuándo, for God’s sake, se prohibirá doblar los dibujos animados?), la única solución factible parece ser animar a los jóvenes a que “tiren” de academia particular y estancia en el extranjero (quienes se lo pueda permitir), de series de televisión sin doblar y de youtube, no para “aprender inglés”, sino para “aprender a hablar bien inglés”, que, visto lo visto, son dos cosas muy distintas en España. La buena noticia es que haciendo esto multiplicarán por cien sus posibilidades de encontrar un buen trabajo.

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¿Por qué invertir en la formación de los empleados?

Al hilo de mi último post, comparto un diálogo que he encontrado por ahí (http://t.co/rdxVKcZM0t) y me ha gustado especialmente:

Me parece un argumento impecable y categórico.

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¿Qué importancia le da tu empresa a tu formación como trabajador?

En mis conversaciones con directivos de un buen número de empresas he observado tres actitudes principales, en proporciones similares, con respecto a la formación de los mandos intermedios:

1. Empresas que apuestan decididamente por la formación: se interesan por los contenidos de la misma, buscan a los candidatos más idóneos, los animan para que se interesen por la actividad formativa, les facilitan cambios de horario si es preciso y cubren un porcentaje, a veces importante, del coste de ésta. Consideran el tiempo y el dinero dedicados a la formación una inversión para la empresa y un premio para el empleado, que ve cómo la empresa apuesta por él pensando en el futuro.

2. Empresas neutras con respecto a la formación: no promueven la participación de sus empleados en las actividades formativas, pero tampoco se oponen a las mismas, siempre y cuando el empleado cumpla con sus horas de trabajo. La decisión de participar corresponde enteramente al interesado, quien además costea completamente el importe de la matrícula de la actividad formativa.

3. Empresas que dificultan la formación de sus trabajadores: a pesar de no admitirlo, ponen trabas de facto para que sus empleados se formen, arguyendo que no pueden prescindir de los mismos  durante el tiempo que dura la formación, “que los clientes no pueden esperar” y otras excusas por el estilo. Consideran que el tiempo de formación no es tiempo invertido sino malgastado, ya que–opinan–no va a aportar ningún valor a la empresa. En ocasiones, niegan explícitamente el permiso a sus empleados para formarse. En algún caso, he tenido la sensación de que el “jefe” teme que su colaborador aprenda “demasiado” y bien se marche a otra empresa o progrese en la propia empresa a costa del citado jefe.

Haciendo un poco de autocrítica quizá se puede inferir que no apostar por la formación sea fruto del nivel mediocre de la misma en algunos casos. Sin embargo, en otros muchos, las decisiones se toman a sabiendas de que el producto formativo es de suficiente calidad para el empleado.

Negando el acceso a formarse a un trabajador, una empresa del último grupo manda un mensaje claro al resto de empleados: lo importante es la empresa y el corto plazo, no tanto sus trabajadores y lo que pueden aportar a la misma en el futuro. Estas empresas cercenan la posibilidad de desarrollo de los profesionales con talento y ganas de aprender, que, si son coherentes, terminarán por marcharse a trabajar a otro lugar. A la larga, sólo se quedarán los conformistas, los “cortos de miras” o quienes no tienen otras alternativas profesionales. Parece una receta segura para el fracaso en el largo plazo.

Hecha esta reflexión, cabe que cada cual se pregunte por el tipo de empresa para la que trabaja y saque sus propias conclusiones.

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